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Se cumplen 50 años desde que el Internet aparecio como red

Parece una película de espionaje: en 1957 la Unión Soviética lanza la sonda Sputnik y Estados Unidos responde, un año más tarde, con la creación de DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency), agencia del Departamento de Defensa encargada del desarrollo de nuevas tecnologías para la seguridad nacional. Uno de sus objetivos es garantizar un sistema de comunicaciones interno para el ejército estadounidense que pueda funcionar en cualquier circunstancia, incluido un hipotético ataque nuclear.

Pocos años después, en 1963, la intuición de algunos científicos les lleva a conectar los ordenadores entre sí; unos años despues viene otra revelacion revolucionaria.

Todo lo que hoy nos parece tan común como servirnos un café de la cafetera, empezó con una simple conexión entre dos ordenadores. Uno estaba en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), y el otro estaba en el Instituto de Investigación de Stanford (SRI) en Menlo Park, California.

Era el 29 de octubre de 1969 cuando un estudiante de posgrado de UCLA, Charley Kline, envió una transmisión a Bill Duvall, científico del SRI. No es que fuese un mensaje propiamente dicho; más bien una prueba de que, en efecto, era posible conectar dos ordenadores en dos localizaciones y redes diferentes.

Por aquel entonces no lo sabían, pero habían realizado la primera conexión de la que sería la mayor red con la mayor cantidad de participantes de la historia: Internet.

50º aniversario de Internet

Por aquel entonces no se conocía como “Internet”, por supuesto; tampoco tenía aspiraciones tan increíbles. No, inicialmente sólo era un trabajo más, esta vez para ARPA, hoy conocida como DARPA; en efecto, era un trabajo para los militares estadounidenses, que estaban interesados en una red de comunicaciones en la que cualquier mando pudiese enviar órdenes e información al resto de nodos de la red.
Ya había redes como tales, formadas entre gigantescos ordenadores, principalmente propiedad de universidades y organismos públicos. Pero estas redes eran privadas, y si un usuario quería conectarse a un ordenador concreto, tenía que usar una terminal concreta, cada una con sus propios comandos y conectada a una red diferente.

Arpanet nació como la solución a ese problema, y estaba basada en que todos los nodos de la red podían conectarse entre sí, sin importar dónde estaban físicamente ni qué pasos había que dar; para el usuario, era un proceso transparente que no afectaba a la usabilidad, y podía centrarse en lo importante, en realizar la comunicación o transmisión. Y todo, a una extraordinaria velocidad de 50 kilobits por segundo.

Conforme la red se hacía cada vez más grande, y más ordenadores se sumaban, aún faltaría una pieza vital para la transformación de Arpanet en la Internet que conocemos: el protocolo TCP/IP. Desarrollado por Vinton Cerf, que ya había trabajado en ArpaNet, estableció cómo los paquetes de información transportados por la red eran enviados y recibidos.

La idea era crear “una red informática que estuviese siempre encendida, siempre disponible, cualquier persona con cualquier dispositivo podría conectarse en cualquier momento y sería invisible”, explica el científico.

Tras varios años de investigaciones se logró construir el Interface Message Processor (IMP), la máquina que permitió lograr el envío de este mensaje. La primera fue llevada a UCLA y un mes más tarde una réplica fue enviada a Stanford.

“Login” (iniciar sesión en inglés) era la palabra con la que se establecería la primera conexión, pero en el intento el enlace se cayó y solo se lograron enviar las dos primeras letras: “LO”.

El primer mensaje que enviaron los científicos en California (EE.UU.) hace cinco décadas estuvo compuesto por solo dos letras. La Universidad de Stanford a más de 500 kilómetros al norte de UCLA recibió en una segunda computadora el mensaje: “LO”.
El mensaje fue escrito para causar suspenso al resto de la frase que ya venia: “….AND BEHOLD, THE INTERNET IS HERE AND THE WORLD IS FOREVER CHANGED.” ( …..Y aguarde, el Internet esta aqui y el mundo esta cambiado para siempre….”) Es el tipo de introduccion que el nacimiento del Internet bien merece. “LO” y “BEHOLD”; nos mostraron la tierra prometida digital medio siglo atras. Y estuvo bien. Excepto algunas cosas. Aun quedan algunos problemas por resolver. Pero ese es otro tema.

Con el paso del tiempo, Kleinrock comenzó a pensar que este mensaje fue profético, pues “lo” es una antigua abreviatura de la palabra “mirar” (look) y que se usa para llamar la atención sobre algo muy interesante y forma parte de la frase “lo and behold” (“he aquí”), que se utiliza para indicar un hecho grandioso.

Pero hace 50 años nadie se emocionó. “Fui a casa y luego me fui a dormir. No parecía ser un gran problema”, relata.

“El desafío era resolverlo, que otras personas lo reconocieran y lo usaran, y esa fue la satisfacción”, agrega sobre un proyecto financiado por el Gobierno estadounidense después de que varias empresas privadas no vieran suficientes ganancias en la idea.

Para diciembre de 1969 se habían instalado otras dos computadoras que se interconectaban en la Universidad de California Santa Bárbara y la Universidad de Utah, en Salt Lake City.

Mientras abre la maquina original que sirvió para dar el primer paso de internet, el científico reflexiona sobre cómo los desarrollos del correo electrónico y la web, entre otros, han llevado a este sistema a encontrar miles de posibilidades.

Kleinrock considera que “internet ahora es una tecnología poderosa y extremadamente útil que ha abierto la educación, el acceso a la información, las redes sociales, la búsqueda y la comunicacion, etc.

Pero, a su pesar, esta red que ayudó a crear también tiene un lado oscuro.

Entre la lista de cosas negativas de internet, el investigador señala el “spam”, la pedofilia, la pornografía, el robo de identidad, la pérdida de privacidad, la denegación de servicio o las noticias falsas, entre otros.

El sueño altruista que tenían estos científicos de convertir esta red en un bien público cambió por una “máquina de compras”, asegura Kleinrock.

“Y una vez que lo cambiaste a un lugar donde la gente gana dinero, llega la codicia, viene la corrupción y de repente aparecen todas las cosas que enumeré antes”, opina.

“La red ahora está en un estado bastante malo”, añade con cierto tono de preocupación.

Sin embargo, Kleinrock retoma su entusiasmo de investigador y recuerda que hace más de 110 años Nikola Tesla dijo que los empresarios de Nueva York podrían comunicarse inmediatamente con un colega en Londres utilizando un dispositivo que no fuera más grande que un reloj y enviar cualquier imagen, dibujo, texto, mensaje de voz.

“Y eso suena más o menos como internet”, dice.

Entonces la esperanza regresa a este científico que aún trabaja en UCLA en proyectos basados en su trabajo de hace 50 años.

“Hemos creado un sistema que nos sorprenderá constantemente con aplicaciones explosivas, nuevas e imprevistas”, adelanta.

“Lo que significa que los jóvenes de hoy y de mañana tienen la oportunidad de contribuir de manera creativa. Hay muchas oportunidades”, vaticina.

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